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¿Para qué sirven las emociones negativas?

Hay un auge por mostrarte feliz, pensar positivo, estar completa. Vivimos en un contexto en el que, a veces, parece que ser feliz es una obligación.


Impera una obsesión con la felicidad.


Esta huída de todo lo que te produce malestar, está demonizando los estados dolorosos inherentes a la experiencia humana en su totalidad.


Las redes sociales están explotadas de mensajes positivos, que sin darte cuenta, te arrastran a demostrar lo feliz que podes ser.


Y sólo eso.


Todo el mundo vive la vida perfecta.


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Pero aunque el mensaje te empuje a intentar desterrar la tristeza, el enojo o los miedos, estos sentimientos “incómodos” también son necesarios para vivir una vida consciente y saludable.


Todas las emociones tienen un valor para la supervivencia del ser humano, tienen una finalidad, y por eso existen.


Pero puede ser que entender la finalidad de las emociones sea un poco difícil..


Y es super normal.


Nuestra sociedad está conceptualizada en torno a una imagen de éxito y positividad que niega totalmente una gran parte del iceberg (todo el esfuerzo y los desafíos que están "debajo del agua").


La verdad es que cada una de tus emociones viene a cumplir una función esencial en tu vida a cada momento.


El miedo, por ejemplo, te indica sobre algún peligro, y es señal de que debes buscar alguna forma de protegerte; el enojo te da la fuerza suficiente para defenderte ante un supuesto ataque; la tristeza promueve la introspección necesaria para una visión más analítica de las situaciones.



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Incluso la culpa te ayuda a distinguir lo que está bien de lo que está mal, la vergüenza te permite prever un escarnio público, y el asco es fundamental para detectar cierto agentes tóxicos y evitar enfermarte.


Hay que aprender a gestionar bien estas emociones para que no te invadan.



El primer paso es dedicar mayor esfuerzo a observarlas y no juzgarlas.


Luego intentar entender de dónde vienen, qué las puede haber desencadenado, y desde ahí empezar a revisar cuál es su mensaje, qué está queriendo decirte cada emoción.


Si logras identificar la causa de la emoción, será más sencillo preguntarte si esta emoción está siendo la respuesta adecuada.


Y luego al final, se trata de tomar decisiones.


Si verdaderamente no puedo hacer nada para cambiar la situación, es mejor aceptar la incomodidad, y no luchar con ella. Esto únicamente acrecienta tu malestar.


Pero aceptar la incomodidad de una situación, y la emoción que te genera, no significa permitir pasivamente algún tipo de maltrato.


Aceptar una situación muchas veces puede significar correrte de donde estas.


Y en muchas otras situaciones, en verdad la mayor parte de las veces, la situación que te despierta alguna emoción desagradable te ofrece la oportunidad de cambiar ALGO, y deberás emprender acciones que te lleven a buscar soluciones asertivas.


Estas emociones, de alguna forma, son la punta de un iceberg, debajo del cual hay otras variables que las originan. Mirar de frente estas emociones, y tomar consciencia de ellas, será el primer paso para hacer los cambios que necesites hacer.


Intentar evitar estas emociones por percibirlas como desagradables, entendiendo que no es adecuado o saludable sentirte mal, puede ser muy perjudicial. Al final, hay que aprender a convivir con esas emociones de una forma más fluida y con compasión.


En resumen, siempre que se experimenten y expresen en su justa medida y de acuerdo a las circunstancias, es importante entender que todas las emociones tienen una finalidad y traen un mensaje al que es importante prestar atención.


Si te está costando conectar con estas emociones desde un lugar compasivo y con amor propio, puede que sea un buen momento para conversar con alguien que pueda ayudarte.



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¿Por qué no buscar ayuda lo más pronto posible? ¿Por qué aguantar?


Si estás mal con vos misma, ¿de qué sirve ese orgullo de yo-me-la-arreglo-sola?


No le veo sentido.


Y en estas situaciones, lo mejor es revisar y reenfocar tu visión de las cosas cuanto antes con la ayuda de un profesional.


De hecho, saber cuándo pedir ayuda y hacerlo, es una gran fortaleza.


La mayoría de las personas salen reforzadas y habiendo aprendido muchas cosas de sí mismas de una terapia.


Nuevas herramientas, otra perspectiva de las cosas.


Y una puerta que se abre.


¿Por qué seguir sufriendo?


No esperes a ver todo oscuro o a sentir que ya no te quedan opciones.


Sé proactiva: tu autocuidado es INNEGOCIABLE.


Para charlar conmigo podes escribirme acá, y voy a estar feliz de recibir tu mensaje.


Es el primer paso para salir del atascamiento en el que a veces te pone la vida.


Estoy al otro lado,


Katia Rosenbaum.

Psicóloga Integrativa especialista en Gestión Emocional y Mindfulness.