Mi noche Oscura del Alma
Inauguramos una nueva sección en el blog de Red Holística, MIRADAS EN FORMACIÓN, un espacio pensado para que los estudiantes de la escuela puedan compartir sus procesos, reflexiones y experiencias vinculadas a la astrología. Creemos profundamente en el valor de la palabra cuando nace de la vivencia personal y en la riqueza que aporta la mirada de quienes transitan este camino desde dentro.
Hoy - como buen ariano- abre esta sección Andrés Orellana, con un texto que nos ofrece una narración íntima y honesta sobre su propio proceso vital y simbólico: MI NOCHE OSCURA DEL ALMA
¡Deseamos que esta lectura aporte y llene de sentido!

Luego de la invitación de Ruth para escribir algo en el blog de Red Holística, me sentí motivado. Una motivación que de haber tenido en algún momento de mi vida, la fui perdiendo progresivamente. Llevo años tratando de recuperarla y vaya que me ha costado.
Siempre tuve cierta fascinación por la astrología. Tal vez un Mercurio en mi casa 8 -domicilio del señor del inframundo- y regente de mi Ascendente (Virgo) pueda explicar algo de esto: nunca he podido quedarme en la superficie de las cosas; de la vida en general. Y lejos de encontrar certezas, han sido más las preguntas lo que me ha hecho continuar este complejo viaje de la consciencia.
Debo decir que no hace mucho inicié mis estudios formales en astrología, de la mano de Ruth. He leído uno que otro libro en el transcurso de mi vida, pero hasta ahí. Quizá la oposición próxima de Urano en tránsito (a 4°09’ de Géminis) a mi Urano natal (a 8°48’ de Sagitario), tenga algo que ver con estos movimientos: la famosa crisis de la mitad de la vida. Si a esto le sumamos la sincronía con un Sol progresado (a 1°16’ de Géminis) en mi casa 9, pues, hay algo de la necesidad de querer revisar mis creencias, de encontrar un sentido a lo que hago; en fin, de la importancia de un propósito que resuene en lo más profundo de mí.
Llegado a este punto, y antes de continuar, no pretendo que esto sea un texto académico; ni trata de serlo. No cuenta con la rigurosidad del caso ni con el cuidadoso curado del contenido de Red Holística. Es tan solo una experiencia personal con algunas claves astrológicas que tal vez sean de ayuda para todos los héroes en potencia que hemos decidido transitar este camino.

Dicho esto, me gustaría hablarles de dos o, más bien, de tres hallazgos luego de buscar cierta correspondencia entre lo que ocurre allá arriba, lo que ha sucedido en mi vida en los últimos meses en tanto principio de realidad y quién es -o quién cree ser- Andrés Orellana a sus 43 años. No crean que tengo complejo de Narciso. No. No soy Howard Sasportas, Bernadette Brady, Alice Bailey, Aleandro Lodi o José Alberto Millán. Hablo de mí por ser el ejemplo más cercano y, con el permiso que corresponde, no tengo ningún problema en ser objeto de estudio.
Un poco de contexto: llegué a Barcelona en noviembre del 2023. Mi segunda migración -en otra ocasión les contaré un poco sobre esto-. A empezar desde cero. Otra vez, y como dicen: con una mano delante y otra atrás. Poco a poco fui asimilando este duro cambio. Digamos que una oportunidad laboral me trajo a esta ciudad. Después entendí que tan sólo fue la excusa para escapar de una manera muy cobarde de mis circunstancias para aquel entonces.
Luego de un poco más de dos años, el 30 de enero me despidieron: otra crisis. No fue algo inesperado. Ya, en los últimos meses del año pasado algo había cambiado. Algo en mí había cambiado. En ese momento no lo sabía. Y, por allí en febrero, si mal no recuerdo, decidí capitalizar lo que creí sería un tiempo muerto de corta duración retomando mis estudios de astrología. Y en esa manía compulsiva de querer encontrar respuestas en un mundo que está hecho de preguntas, empecé a buscar correspondencia, sincronicidad; en fin, significado para este momento de mi vida.
En una primera instancia, lo que hice fue observar los tránsitos para el 12 de julio. Soy de los que suelen indagar primeramente en los aspectos inarmónicos en tanto desafíos, pruebas, decisiones, enfrentamientos y conflictos. Todas aquellas situaciones que de alguna forma u otra requieren un mayor despliegue efectivo de nuestro nivel de consciencia. Y si entendemos a los tránsitos como activadores de ciertos engranajes ya a disposición en nuestra configuración natal, empecé a reconstruir lo vivido asumiendo a estos como eventos concretos, si se quiere, dentro del principio de realidad. Mi principio de realidad.
Una gran cruz fija temporal: dos planetas en tránsito, ambos en oposición que, a su vez, se encuentran en cuadratura con dos puntos de mi carta natal, ambos en oposición. Una gran cruz fija temporal, no natal. Las implicaciones son distintas. La natal formaría parte de nuestra estructura constitutiva como individuos. La temporal o en tránsito activa ciertos aspectos propios de nuestro ADN cósmico. Es algo así como realizar una reforma en nuestra casa. Podemos modificar la espacialidad interna tirando algunos tabiques y modificar algunas instalaciones pero la estructura o coraza externa sigue siendo la misma. Y a propósito de espacialidad interna, unas progresiones secundarias que participan activamente con estos tránsitos y con mis posiciones natales. La evolución de mi fuero interno en 43 años de vida.
Empiezo hablando de lo de afuera: el transpersonal de los transpersonales. El que cabila y rumia: Plutón. Retrogradando sobre mi casa 5 y haciendo cuadratura con esos dos puntos de mi carta natal: a mi Mercurio en casa 8 (a 4°03’ de Tauro), partil, y a Marte (a 3°10’ de Tauro), regente de mi signo solar: Aries. Un sismo de dimensiones devastadoras que terminó de demoler los cimientos ya debilitados de una forma de pensamiento desde la cual me posicionaba ante ese principio de realidad saturnino -la autoridad- y que pareciera -o al menos eso quiero creer- que está dando paso a un nuevo marco de pensamiento, quizá, en mayor resonancia con las potencialidades de mi mandala.

Plutón no es amigable. Plutón aniquila. Como saben, los tránsitos de los planetas transpersonales son sumamente lentos y ya Plutón lleva un tiempo importante desvistiéndome de aquellos trapos que, con cierta convicción me cubría el cuerpo. Al día de hoy, y sobre este tránsito en particular, algo en mí ha muerto. No creo pensar de la misma manera, o tal vez, mi verdadera forma de pensar está naciendo, de la mano de una voluntad mancillada; vapuleada por una serie de batallas perdidas: un Ares refugiado en alguna gruta del Tártaro lamiendo sus heridas, en compañía de un Hermes que espera a que las alas de sus botas sequen de las fétidas aguas por las que pasó tratando de comunicar su pensamiento. Bien o mal. No entraré en juicios de valor ni en sesgos cognitivos: aspiro a una astrología amoral.
Es este mismo Plutón que, también en cuadratura con mi Saturno natal (a 2°01’ de Escorpio) en casa 2 -y muy cerca de mi Plutón natal-, destruyó la frágil torre de marfil que, en al menos 20 años de un Sol progresado en Tauro, pude haber construido. Una estructura a partir de la cual empecé a forjar mi camino profesional. Una estructura que respetaba -y que admiraba hasta cierto punto- y que en su brutal crueldad, me hacía la vista gorda ante su fin teleológico: una simple cuestión de poder. En mi experiencia; Venezuela, Argentina y especialmente en España: tres variaciones sobre un mismo tema.
Con su paso dicen que sólo queda lo perdurable. Y es en los escombros de mi casa 2 que todavía sigo buscando ese tesoro prometido por el señor de las sombras. Lo que queda: un Saturno abatido en tanto principio de realidad material bajo el brillo de un Sol progresado desplegado desde una energía geminiana, ambos en quincuncio: una lógica de fin. Cierta coherencia en el aire de una narrativa simbólica cundida de sincronicidad: muerte y transformación desde lo más profundo de mi psique.
Luego, en oposición a Plutón, el dios de dioses, el que nos dota de sentido y propósito: Júpiter en tránsito sobre mi casa 11 (a 2°44’ de Leo). Una expansión vivida desde una encrucijada, en el mejor de los casos. Con una salida aparente a través de los grupos y redes. Grupos y redes que en mi vida han sido y son escasos. Una llamada a brillar o más bien, a construir una nueva autoexpresión a través de ellos. Siempre a partir de un terreno tapiado con los escombros de una casa 2 en tanto poder de generación de recursos y el cadáver de una autoestima que aún no logro recuperar para darle cristiana sepultura.
Y sí es que hay búsqueda de sentido, propósito o como quieran llamarle pareciera que la masa no está para bollo. Y si no, que lo certifiquen los compañeros de armas caídos en batalla: Hermes y Ares. Mente y voluntad. Menuda cosa, ¿no creen?
Este par de tránsitos, Júpiter y Plutón, cuyo posicionamiento dan paso a la configuración de la cruz temporal a la que hago referencia, dialogan casi que en una perfecta sincronicidad con los ángulos de mis progresiones secundarias. Un Ascendente progresado a 5°33’ de Escorpio en conjunción con mi Saturno natal. Si bien mi codificación originaria en tanto filtro con el que veo el mundo es de carácter virginiano, internamente, el matiz escorpiano empieza a cobrar una profunda fuerza. Ya no veo ni siento de la misma manera. La potenciación del deseo de entender lo subyacente, la causa real; la verdadera intención o lo que sea que está detrás de lo aparente dentro de este principio de realidad saturnino, me excede.
Debo ser cuidadoso con la paranoia y alejarme de la tentación que representan las profecías autocumplidas aunque la mayor parte de ellas sean ciertas. Y es que, como ya saben, Plutón desviste y muestra lo verdadero. Y lo verdadero, a veces, puede no ser de nuestro agrado.
Un Descendente progresado a 5°33’ de Tauro en conjunción tanto con Mercurio como con mi Marte natal sobre mi casa 8. Mi mente y mi voluntad en contacto con el otro a través de la crisis. La necesidad de vincularme -de existir la oportunidad-, desde otro lugar, desde lo profundo. De nuevo, ya no veo ni siento de la misma manera. Ahora, la posibilidad de poder decir sí o decir no, ha cobrado su justo valor. Un valor que se posiciona desde la discriminación y las profundas ganas de huir de la superficialidad. Una transformación que nace de la sima de mi Imum Coeli progresado en conjunción con Plutón en tránsito. Y es que agitó por completo el tablero. Todas las piezas del yo soy yo, se vinieron al suelo.
Con Júpiter transitando Leo en conjunción con mi Medium Coeli progresado, no puedo negar la necesidad y el deseo -si bien esto es algo más de carácter marciano- de expandirme a través de una nueva forma ante el mundo. De sentirme pleno a través de una expresión auténtica, alejada de toda posibilidad de alienación a la que nos somete el principio de realidad saturnino, pero de nuevo, debo curar mis heridas. Y pareciera que la invitación se encuentra en la participación de algún proyecto colectivo -de alguna forma que aún no tengo del todo clara- desde un Júpiter y un Medium Coeli progresado sobre mi casa 11.
Por último, y no por ser un dato menor, sino más bien, desde la imposibilidad de poder poner en palabras lo que ello implica, una Luna progresada desde una casa 12 sobre mi casa 1 en oposición a mi Sol natal en Aries. El yo soy y los otros. Una necesidad interna de cierto equilibrio y armonía que aún no logro integrar con ese impulso marciano que me caracteriza.

Sigo sin encontrar ese tesoro prometido por mi amigo Plutón. Y, siendo honesto, no sé si algún día lo encontraré. Lo único que sí les puedo afirmar al día de hoy, es que una parte de mí ha muerto. No como metáfora complaciente ni como texto de autoayuda, sino como experiencia. Ha muerto en mí una forma de mirar el mundo, de habitarlo, de entender quién creía ser y hacia dónde pensaba que iba.
Si de estos escombros nacerá algo nuevo, no lo sé. Me encantaría creer que sí, pero también he aprendido a desconfiar de las promesas. Hay muertes que necesitan tiempo antes de dar paso a otra cosa. O no.
Tal vez de esto se trate este tránsito. No de encontrar respuestas -que sabemos que nunca llegarán-, sino de aprender a permanecer en la pregunta sin traicionarla. Quiero pensar que Plutón me dijo en algunos de mis sueños: Si no te traicionas, nunca te abandonaré.
Si estas líneas han servido para que alguno de ustedes reconozca algo de sí mismo en ellas, entonces habrá valido la pena exponer esta experiencia. No porque tenga respuestas que ofrecer, sino porque, a veces, saber que otro también atraviesa su noche oscura del alma hace que el camino resulte un poco menos solitario.
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