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La Rueda de las Emociones de Plutchik

Las emociones son respuestas físicas y cerebrales ante estímulos que te inducen a actuar. Funcionan como señales que indican lo que está sucediendo, para que puedas responder rápidamente y adaptarte a tu entorno.


Dada la complejidad y la vastedad de emociones que existen, el psicólogo norteamericano Robert Plutchik desarrolló una teoría en la que sostiene que todas las emociones pueden ser clasificadas en ocho categorías básicas.


Las demás emociones serían una combinatoria de éstas primarias, que al combinarse amplían el mapa de experiencias emocionales que puede tener cada persona.


Un aspecto muy interesante de esta propuesta son los distintos grados de intensidad que tienen cada una de estas emociones.


Por ejemplo, como muestra la imagen, el temor sería representante del miedo en sus estados iniciales, es decir, con menor intensidad; y de la misma forma, un estado de terror representaría al miedo pero en su máxima intensidad.


Para vos que estás leyendo, lo más relevante puede ser entender cómo identificar tempranamente tus emociones, en sus niveles menos intensos, puede ayudarte a gestionarlas de mejor forma.


Cuando la intensidad de una emoción es muy elevada, tus posibilidades reales de mantenerte en eje sin que te invada esa emoción, se vuelven más desafiantes.


Ya sabemos que las emociones no pueden controlarse.


Aparecen por algo y hay que escucharlas.


Pero si logras verlas más cercanas a su origen y observarlas con compasión, su relativa baja intensidad puede ayudarte a que no te sientas falta de recursos para enfrentarlas.


Las ocho emociones básicas.

· Alegría: Es una emoción que se percibe como agradable o positiva expresando un estado de bienestar y satisfacción respecto a una misma o a las condiciones generales de la vida. Su grado más sutil se manifiesta como serenidad (un estado de calma, quietud y equilibrio), mientras que el superior adopta la forma de éxtasis (una de las experiencias de mayor exaltación del estado de ánimo).


Guarda mayor afinidad con la confianza y la aceptación, dando lugar en el primer caso al amor, un sentimiento de aceptación sobre el que se construyen los vínculos más significativos, mientras que en el segundo caso genera optimismo, una mirada positiva sobre lo que el tiempo deparará.


· Confianza: Implica la creencia firme de que se puede actuar sin peligro de perjuicio o daño. Cuando está atenuada, adopta la forma de aceptación, una integración sincera de los hechos vividos en la narrativa de la propia experiencia. Al inflarse, deviene en admiración, con la que se expresa una total exaltación del aprecio que se proyecta sobre una persona o alguna cosa.

Además de combinarse con la alegría, esta emoción tiende a combinarse con el miedo, transformándose así en un estado de sumisión, en el que se acepta la voluntad del otro a pesar del propio sacrificio de la libertad, promoviendo vulnerabilidad o dependencia emocional.


· Miedo: Es una reacción básica, universal e instintiva ante algún peligro real o imaginario. En su grado más sutil se expresa como aprensión o temor, una incertidumbre impregnada de expectativa pesimista; y en el más alto nivel se convierte en auténtico terror, un estado que suele desplegar actitudes defensivas de lucha o huída.

Además de la sumisión que engendra al combinarse con la confianza, el miedo puede combinarse con la sorpresa generando un susto o sobresalto.

· Sorpresa: Es una emoción inicialmente neutra que supone una reacción ante circunstancias cambiantes o imprevisibles. En su grado más leve supondría una distracción, un estado de ligera retención atencional, y el más intenso sería el asombro, que implica una proyección de la consciencia ante un suceso subjetivamente abrumador.

Además de combinarse primariamente con el miedo dando lugar al susto, esta emoción se combina con la tristeza dando lugar a la decepción, que surge al asumir conciencia de un resultado negativo que contrasta con las expectativas inicialmente favorables que se tenían.


· Tristeza: Aparece frente alguna pérdida real o imaginaria y permite obtener apoyo social. En su grado más leve da lugar al aislamiento, una retirada de las actividades compartidas; y en el más grave a la depresión, resultado de pequeñas pérdidas acumulativas.


Además de combinarse con la sorpresa, esta emoción se combina con la aversión, dando lugar al remordimiento, un estado de malestar íntimo que surge ante conductas que se consideran inapropiadas por el impacto que pudieron tener en otras personas.


· Aversión: Esta emoción sugiere rechazo y una voluntad deliberada de evitación. En sus límites tenues se expresa como aburrimiento, una ausencia evidente de interés, mientras que en los más intensos deviene en asco o aborrecimiento, que se traduce en un empecinamiento por mantener distancia respecto a algo o alguien que se juzga como indeseable.


Además de su combinatoria con la tristeza, la aversión suele combinarse con la ira, dando lugar a una actitud hostil de desprecio.

· Ira: Surge normalmente como respuesta directa frente a una afrenta. En su forma más suave adopta la forma de un simple enojo, un desacuerdo respecto a otra persona, y en la más extrema se convierte en furia, bajo la que suelen llevarse a cabo actos impulsivos.


Además de combinarse con la aversión, esta emoción se combina con la anticipación, produciendo alevosía, lo cual implica actos de violencia premeditados.


· Anticipación: Supone nítidas expectativas sobre el discurrir del futuro. En su perfil más bajo aparece el interés, que implica un grado moderado de atracción hacia un objeto o un estímulo en particular, y el más alto es la vigilancia, un nivel superlativo de focalización atencional que perdura durante largos períodos de tiempo y consume muchos recursos cognitivos.


Sus combinaciones más frecuentes se dan con la ira y la alegría, pero también puede combinarse con la tristeza, dando lugar a una actitud pesimista donde la expectativa se tiñe de un matiz negativo.



 

Como podes ver, la vida interior es profunda y bastante diversa. Las personas podemos experimentar varias emociones al mismo tiempo, y con distintas combinatorias de las emociones más elementales.


Conocer estas posibles combinatorias, y los diferentes niveles de intensidad en cada emoción es esencial para desarrollar tu Inteligencia Emocional, y ser capaz de identificar, comprender y gestionar tus propias emociones.

Una forma interesante para revisar activamente este tema sería que te propongas identificar cada día una o dos emociones básicas que se hayan presentado como predominantes.


Incluso podes llevar un registro, y al final de mes hacer un conteo de qué emociones predominan en vos mayormente.


Este ejercicio te puede ayudar a tomar consciencia de tus estados emocionales de una forma muy concreta, y visualizar así dónde estás necesitando hacer alguna revisión.


¿Qué te parece este ejercicio?


¿Alguna vez llevaste registro de tus emociones de esta forma?


¡Nos encantaría saberlo!

Y si queres podes obtener una planilla de registro diseñada por la autora para facilitarte este trabajo por un precio super accesible para comenzar hoy mismo.


Les deseamos que se disfruten en su camino de autoconocimiento y desarrollo personal. ç


Estamos al otro lado.

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